En su visita a Brasil, la filósofa conversó con Revista Azmina sobre racismo, femicidio y los intentos por silenciarla.

Publicado originalmente en Revista Azmina. Por Letícia Bahia. Traducción por Oriana Miranda.

Judith Butler es una de las principales teóricas del feminismo contemporáneo, pero para las más de 360 mil personas que adhirieron a esta colecta de firmas, es “la idealizadora y una de las principales promotoras de la ideología de género”. Filósofa, lesbiana y profesora de la Universidad de California, desembarca en Brasil justo en medio de polémicas en relación a la sexualidad, disparadas por episodios como la cancelación de la exposición sobre diversidad sexual Queermuseum – Cartografías de la diferencia en el arte brasileño, cuyas obras “incitarían a la pedofilia” y la decisión del Museo de Arte de Sao Paulo de, por primera vez en su historia, imponer restricción etaria en una de sus exposiciones, cuyo tema es la sexualidad.

Para la filósofa, aquellos que temen la “ideología de género” y el feminismo, lo hacen porque “si no afirmamos las diferencias naturales entre los dos sexos, la base heterosexual del matrimonio puede ser cuestionada, así como el papel del matrimonio heterosexual como necesario para la familia”.

Sin embargo, explica que el género no niega diferencias biológicas entre los sexos, sino que permite cuestionar cómo estas diferencias son organizadas y reflexionar sobre la relación entre las diferencias biológicas y las identidades sociales.

—Su visita a Brasil ha sido bastante repudiada por movimientos que vinculan su nombre a lo que llaman la “ideología de género”. Una de las colectas de firmas que piden la cancelación de sus palestras dice que “no podemos permitir que la promotora de esta ideología nefasta promueva en nuestro país sus ideas absurdas, que tienen por objetivo acelerar el proceso de corrupción y fragmentación de la sociedad”. ¿Qué temen estas personas? ¿Cuáles son las estructuras y dinámicas desafiadas por sus ideas?

Creo que existe una idea equivocada sobre el significado del término “género”. Para quienes creen que existe una ley natural o divina que distingue los dos sexos y establece sus respectivos papeles en la sociedad, el género parece ser un concepto que refuta esta creencia. También creo que existe un temor de que, si no afirmamos las diferencias naturales entre los dos sexos, la base heterosexual del matrimonio puede ser cuestionada, así como el papel del matrimonio heterosexual como necesario para la familia. Así, todos los miedos que las personas tienen sobre mujeres que asumen nuevos papeles en la sociedad, sobre el movimiento LGBTQI y el matrimonio gay, sobre el uso de tecnologías reproductivas, sobre el derecho al aborto, sobre el creciente número de familias no tradicionales y familias gays y lésbicas con hijos, sobre el arte sexualmente explícito, todo eso está asociado a los efectos del género.

Pero el género no niega las diferencias biológicas entre los sexos, aunque la perspectiva de género nos permita preguntarnos cómo las diferencias biológicas son organizadas y reflexionar sobre la relación entre diferencias biológicas y papeles e identidades sexuales. Esas preguntas ya están siendo hechas en todo el mundo y parece demasiado tarde para silenciarlas. Aquellos que temen esos cuestionamientos, temen nuevas formas sociales de sexualidad, intimidad y familia. Sin embargo, las formas tradicionales pueden convivir con formas no tradicionales y muchas personas viven una combinación de ambas.

—En septiembre de este año, una exposición llamada Queermuseu – Cartografías de la diferencia en el arte brasileño fue suspendida después de una ola de protestas en internet. El 20 de octubre de este año, el Museo de Arte de Sao Paulo estrenó la exposición Historias de la sexualidad, con restricción etaria. Es la primera vez que la presencia de menores, incluso acompañados por adultos, es vetada en una exposición en un museo. Los esfuerzos por apartar a la infancia de la sexualidad han sido recurrentes en Brasil, con desdoblamientos conservadores importantes en el campo de la educación y, ahora, en el arte. ¿Qué hay por detrás de esa concepción de infancia y cómo el concepto de performatividad puede ayudarnos a deconstruirla?

Los esfuerzos virtuales para impedir que yo hable (que son, por decir lo menos, curiosos) pueden ser comprendidos como la tercera parte de esta historia, aunque las dos primeras presuman que habrá menores de edad dañados y mi discurso sea puesto como corrompiendo y fragmentando a la sociedad. Tal vez tengamos que entender la política de la familia que liga esos tres casos. Ver una foto de un bailarín desnudo es perturbador para algunas personas que creen que los niños no deben ser expuestos a situaciones potencialmente sexuales. Creo que todos nosotros podemos concordar en que la explotación sexual de menores está mal, pero discordamos con respecto de si el arte por sí sola puede ser capaz o no de causar daños en la forma como algunos suponen.

Independientemente de los debates sobre si esas representaciones son pornografía o arte de otro tipo, parece claro que los censores quieren que los niños y niñas permanezcan en las tinieblas sobre la desnudez humana y sus alegrías. La censura comunica que bailar desnudo es vergonzoso o peligroso, pero tal vez esa sea una forma de contestar a la cultura de la vergüenza sexual. Nosotros podemos y debemos oponernos a situaciones de daños sexuales, pero también podemos y debemos oponernos a la vergüenza sexual por actos alegres y no perjudiciales capturados a través de las imágenes.

—Brasil fue el último país del globo en abolir la esclavitud y, a pesar de que un 53% de la población es negra, apenas un 17% de los más ricos son negros. Los discursos de negación del racismo se asemejan a los discursos que niegan las desigualdades de género. Esos dos aspectos se entrelazan, resultando en desigualdades todavía mayores cuando hablamos de mujeres negras. Ejemplo de ello es que en 2015 el homicidio de mujeres no negras se redujo en un 7.4%, en contraposición al aumento en un 22% del homicidio de mujeres negras. ¿Podríamos enfrentar esos problemas aplicando la idea de género como “repetición estilizada de actos” de su libro Problemas de género, a las cuestiones de raza? ¿Sería la blanquitud, también, una “repetición estilizada de actos” al servicio de la creación y mantención de una norma excluyente?

Lo que yo sugeriría es que nos cuestionemos cuáles poblaciones son consideradas fáciles de matar y merecedoras de la muerte. La práctica generalizada del femicidio, que incluye mujeres trans y  travestis, victimiza desproporcionadamente a las mujeres negras. Estas son formas sistémicas de racismo repetidas a lo largo del tiempo, estableciendo el derecho no apenas de dominar, sino que también de matar, por parte de hombres que procuran instalar e imponer la desigualdad racial y de género.

Al intentar entender el femicidio, tenemos que preguntarnos como el género y la raza se interseccionan para entender las formas de dominación que procuran mantener la supremacía blanca y continuar el legado de la esclavitud por otros medios. Por lo tanto, hay un carácter repetitivo, sino compulsivo, para el femicidio no sólo en Brasil sino que en toda América Latina y especialmente en lugares como Honduras. Podemos decir que una forma de supremacía de género y raza se constituye de nuevo y de nuevo en cada acto de asesinato. Pero no podemos comprender esa forma de poder sin comprender el pasado imperial, la institución de la esclavitud y su continuación en el presente y las formas por las cuales las mujeres negras sufren la convergencia de esas historias. Las redes de resistencia son impresionantes, una vez que es evidente que la aplicación de la ley todavía no es un aliado de nuestro movimiento.

—Su libro Caminos divergentes – Judaísmo y crítica al sionismo amplía el espacio para que las críticas al progresista Estado de Israel, que frecuentemente son acusadas de ser antisemitas, sucedan dentro del campo del judaísmo. ¿Cómo evalúa el embate entre las fuerzas progresistas y conservadoras dentro de la comunidad judía brasileña?

No conozco a la comunidad judía brasileña lo suficiente como para dar una respuesta, pero tal vez comprenda mejor esta situación después de mi visita. Lo que muchas veces consigo ver es que algunos conservadores miran hacia el Estado de Israel no apenas porque contiene a una población minoritaria (los palestinos), sino porque tiene una fuerza militar fuerte y está dispuesto a usarla de formas que claramente desafían el derecho internacional.

En Estados Unidos, el supremacista blanco Richard Spencer invocó al Estado de Israel como un modelo para su propio proyecto, argumentando que así como los judíos querían su propio Estado, también los blancos lo quieren. Es claro que hay una oposición generalizada a ese tipo de racismo dentro de la comunidad judía en los Estados Unidos y en Israel, pero eso nos dice algo sobre como el Estado de Israel es percibido. Muchos judíos entienden lo que significa haber sido oprimidos por causa del genocidio nazista. Para muchos, eso los obliga a luchar contra todas las opresiones, rechazando el racismo de todos los tipos.  

Author

Psicóloga interesada en temas de género y sexualidad. Nací feminista. Hoy, estoy obsesionada con las orquídeas, reducir mi huella de carbono y la desigualdad social.