El otro día iba en un auto, con la radio encendida a la hora del taco. De pronto, aparece en medio de la tanda de publicidad una conversación en la cual dos tipos comentan sobre una supuesta violación a una mujer, a la salida de una discoteca. “Ya, pero apagó tele, se lo buscó”. Algo así respondía uno. El otro, continuó. “Oye, pero no por eso se lo merece ¿pensarías lo mismo si fuera tu hermana o tu mamá?”, algo así. Y bueno, mis acompañantes y yo:

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Se trataba de la campaña que lanzó el Gobierno de Chile en contra de la violencia hacia la mujer. A través de ella, planea criticar el doble discurso  ¡a través de un doble discurso!

Vivimos en un país sin ley de aborto, en donde todavía aparece la iglesia opinando y comisiones llenas de hombres decidiendo si se debe legislar o no un tema como este. Vivimos en un país en donde la legislación en cuanto al femicidio sigue siendo insuficiente, en un país en donde una mujer tiene que pagar más para tener cobertura médica si se encuentra en edad fértil. Chile es un país en el que nosotras dedicamos el doble de horas al trabajo doméstico y de cuidados que los hombres. También vivimos en un país en donde Lorenza Cayuhán fue obligada a parir engrillada, rodeada de gendarmes en un hospital.

Y mientras todo esto sucede, el Gobierno de Chile se atreve a iluminar la Casa de Gobierno con un mapping de #niunamenos, cuando las mujeres salen a marchar.

Algo igual de asqueroso que la campaña de una marca de retail -junto a ONU Mujeres (que no se les olvide nunca esto)- que este jueves en conmemoración por el día Contra la Violencia hacia las Mujeres, nos invita a conseguir camisetas gratis con eslóganes ridículos. Algunas y algunos pensarán, “pero bueno, la intención es lo que vale”. Pero amigas, la verdad es que yo no creo en esas intenciones. No creo en eso de “ahora se está discutiendo más”, sobre todo si viene desde una tienda que sólo vive de las inseguridades que crea en nosotras, históricamente. Tampoco les creo si hace algunos meses discriminaban a una pareja de lesbianas en una de sus tiendas.

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Cuando pienso en cómo el feminismo ha llegado a lugares masivos, que se discute ya en espacios en los que antes estaba ausente, me alegro. Me siento feliz. Pero también desconfío. Desconfío de esas contradicciones, que son parte de las mismas que todas tenemos por vivir en un sistema como en el que vivimos. Para mí el tema no es tenerlas, sino estar alertas, saber que existen y que no nos manejen. Ahí se hace toda la diferencia.

Que una tienda tenga un doble discurso me importa menos, porque es mucho más evidente ver desde dónde viene. Sólo es plata. Pero ¿qué pasa con ese doblete del Gobierno? Ese no hay que dejarlo pasar, porque es ese el que toma las decisiones, es ese el que no nos da una ley de aborto y el que obliga a una comunera mapuche a parir engrillada.

Con esta última campaña contra la violencia hacia la mujer, además de esa contradicción evidente que ya fue enumerada, existe otra, en el lenguaje y la lógica empleada. Da lo mismo si la mujer violada es hermana de un hombre, esposa, hija o madre. Una mujer no debe ser violada por ser alguien. No es posible que desde servicios nacionales como el SERNAM aparezca una iniciativa tan nefasta que siga manteniendo implícita la noción de propiedad de un hombre por sobre una mujer.

No valemos en medida de nuestras relaciones de parentesco, ni tampoco por las de pareja. Valemos porque somos. Porque existimos. Es duro darnos cuenta que ni siquiera para el Estado esto es algo lógico, pero mientras antes seamos conscientes de eso, mejor. Basta de exigir lo mínimo y que ni siquiera lo mínimo se nos entregue como derecho. Espero que este 25 de noviembre marchemos pensando en Lorenza, sin poleras ridículas y sabiendo que la violencia se debe terminar porque somos personas, no la propiedad de alguien.

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Discos por sobre ahorros en el banco. En Twitter: @javieratapiaf