Mientras camino, pienso en si me habrá escrito o me llamará. Luego de un rato comienzo a calmarme, tiene su vida y yo la mía… ¿dónde dejé todos lo leído y aprendido de Simone, Silvia, Lagarde y tantas más?

El tiempo pasa lento, quiero volver a verlo pronto, me deprimo al mirar mi celular y ver que no ha escrito nada. Cuando lo hace quiero que sean más líneas, con más expresiones de cariño. ¿Es esta una adicción?, ¿soy una consumidora habitual de amor romántico?, ¿necesito que otro me diga que me quiere para sentirme feliz? ¿cuántas son las dosis de ese cariño que necesito para levantarme?.

Las herramientas que he ido adquiriendo se hacen pocas y ha sido difícil ponerlas en práctica. Hace un tiempo decidí estar sola (sin cerrarme a la posibilidad de conocer a otras personas) y ahora que tengo la posibilidad de generar una relación en libertad, en vez de estar tranquila con ello, me quedo en la esquina de mi pieza, con frío y en una especie de síndrome de abstinencia si es que no sé de ella por un día.

Tengo momentos de lucidez como cualquier adicta: ando bien, me junto con mis amigas/os, saludo a los perritos que andan en la calle, pero llego a mi casa y sigo pensando en cómo obtener una mínima dosis de esa persona. A veces el dealer se demora y estoy parada sola en la esquina, a la medianoche, esperando unos gramos de “buenas noches”. 

Ya es mucho, sé que tengo que dejar de armarme cuentos, no puedo exigirle a todo el mundo que sea honesto, cuando ni yo puedo serlo conmigo misma y lo más sincero es que no es sano seguir con estas formas de sentir. Qué difícil es poder generar relaciones diferentes cuando desde pequeñas nos han dado azúcar y Disney por montones. No hablo de dejar de querer, sino todo lo contrario, se trata  de empezar a amar sanamente. Si no tenemos modelos de referencia, atrevámonos a construirlos, a punta de caídas y buenos momentos, donde la existencia de la otra persona sea algo que me aporte y no un límite.

La autonomía y los espacios de creación individual y colectiva, son fundamentales para dejar de lado los vínculos que nos hacen dependientes, comenzar a apostar por otras formas de relacionarse es algo complejo, pero necesario. Mientras escribo ésto me siento convencida y lejana a la vez, pero es parte de la rehab, supongo.

Cuántos años de querer-desde-el-dolor, miedos y múltiples inseguridades nos inyectaron, para hoy recién comprender que esta era la droga de la que nunca me hablaron. Por eso terminaba tan mal cada vez que acababa una relación sexo-afectiva y esto se daba debido a que el centro nunca fui yo ni tampoco mis sueños, entregando cariño infinito a otra persona y esperando que algo de eso (por muy pequeño que fuera) quedara para mí.

Son casi las cinco de la mañana y estoy escribiendo, esperando que la ansiedad baje y reflexionando acerca de cómo pasar un período de abstinencia y consecuente superación de todas esas formas de relacionamiento que no hicieron más que atentar conmigo misma. Si bien no todas fueron malas, sí se cimentaron sobre el temor de la ausencia, impuesta por una supuesta necesidad.

Saquemos la pasta de las calles y el amor romántico de nuestros corazones, sabemos cuántas víctimas han cobrado, cristalizándose en relaciones violentas en las que siempre esperamos que el otro cambie, hasta ansiar que sea él quien logre llenar el espacio del que sólo nosotras nos podemos hacer cargo.

*Foto: coolkidsaredrawing.tumblr.com

Author

Amo los membrillos y odio las injusticias. Licenciada en Sociología y mujer de izquierda.

  • Catalina Salazar Fernández

    tenis que calmar tu ansiedad.

    • Consuelo Cielo

      Jajaja estamos trabajando para eso 😉

  • Dominique Renee Benítez Kilman

    que wen post <3

    • Consuelo Cielo

      Abrazos!!

  • Luis Henríquez Latorre

    oye, me encantó!

    • Consuelo Cielo

      Gracias :)!

  • Milena Bahamondes

    Me sentí tristemente identificada. Ahora mismo estoy pasando por una situación muy similar, y si bien sé conscientemente que no está bien, no puedo dejar de sentirme así. Creo que ya somos dos en rehab 🙂

    • Consuelo Cielo

      Aunque cueste se que podemos dejar de estar así, cuestionando nuestro sentir y apoyandonos entre amigas y compañeras 🙂 aquí tienes una! Ya iremos viendo como de a poco salimos exitosamente de la rehab contra el patriarcado, abrazos

  • Jordana Chávez Rodríguez

    Es tan infinitamente cierto. Gracias Consuelo por escribirlo, y así no sentirme tan sola en el proceso del desapego al amor romántico. El grado de adicción me hace sentir enferma y vacía, pero sé que en algún momento la droga dejará de estar ahí para pasar a etapas mejores. Un abrazo.

    • Consuelo Cielo

      Me alegro que te (nos) sirva, a seguir avanzando y apoyándonos entre nosotras. Un abrazo 🙂

  • Chibi Figueroa

    Creo que es posible inventar una nueva forma de amor romántico desde la sana autoestima :33.
    Cuando llegas a sentir la fascinación y felicidad por la mera existencia de alguien, independiente de si esa persona te entrega algo o no (sea esto palabras bonitas, una relación o compromiso contigo, las muestras de afecto que tu ego espera, etc), cuando admiras sus logros y crecimientos como persona y nunca se enturbian con sensaciones de envidia o rencor, cuando no fuerzas los resultados para obtener satisfacción de tus sentidos, según yo es ahí cuando amas a alguien de manera sana.
    Es súper humano necesitar que te hagan cariño y querer entregarlo. Todos hemos sentido la necesidad imperante de validación, protección, erotismo, etc. Tampoco creo que sea 100% correcto privar a alguien con falencias personales de la posibilidad de amar, pero si siento que todo lo anterior son síntomas de que es necesario un crecimiento personal, donde nadie más que uno mismo puede ayudarse (y claro, un especialista si necesitas ver a uno).
    A mi parecer el amor debería solo traer felicidad, el sufrimiento se lo genera uno.
    Muy buen artículo :33 Saludos