“Paul— No hay un protocolo para que las mujeres asistan
Katherine—Tampoco hay protocolo para que el hombre orbite la Tierra, señor”.
Diálogo en Talentos Ocultos

Hace unos meses tuve ganas de ver una película. Pero no en mi pieza, en mi computador, sino en el cine. Quería un paquetes de cabritas, de esas bien dulces, sentarme en la fila más alta, al medio. Entonces, me metí al sitio del cine (porque donde vivo sólo hay dos, y de la misma cadena), empecé a ver lo que tenían en cartelera y a cachar cuál me tincaba.

Leí “Los Siete Magníficos”. Se veía interesante, de acción, pistolas y quizás una rebelión. Puse el trailer. Transcurridos unos minutos, lo paré. Lo puse de nuevo para ver si se me había pasado algo, pero no: de los siete magníficos, todos eran hombres, TODOS. Y la única mujer que apareció, lo hizo llorando. Me dio rabia, mucha rabia, de esa que sale por los ojos. Pensé en el contexto de la época en la que estaba ambientada -Western- casi buscando alguna respuesta a la invisibilidad de la mujer, al hecho de que no apareciese NINGUNA como personaje principal, con alguna otra acción que no fuese llorar y pedir justicia o venganza. Le conté a un amigo que es profesor de historia, le eché mi rabia encima, aunque no a él, sino a la crueldad de la historia vista desde el androcentrismo, porque ¿dónde quedo yo, tú, ellas, nosotras? ¿dónde quedan tantas mujeres que hicieron tanto?.

Y fue ahí cuando tomé una decisión: no volvería a ver otra película que no incluyese al menos una mujer como personaje principal (no sólo “la algo de…”) o que tuviese relevancia en la historia. Me da igual perderme “grandes” estrenos, porque si continúan con esa pobreza de representación, para qué, si es en el cine, el cual oficia como productor de imágenes, significados, representaciones e ideologías que se construyen las subjetividades, tal como explica Paula Laguarda.

Pasaron algunos meses, y a pesar de que el cine comercial continuase trayendo pocos personajes femeninos como plato fuerte, me alegré al menos, al saber que la generala Leia Organa no era la única mujer de la galaxia cuando apareció Jyn Erso (Rogue One). O que dentro del thriller basado en el libro La Chica del Tren, la sororidad jugase un papel fundamental para salvar la vida de mujeres. Aún así, algo faltaba, sentía que aún el cine era un lugar de privilegios, hasta que vi el trailer de Talentos Ocultos (Hidden Figures) y marqué el día de estreno con colores en mi agenda.

La historia tiene como protagonista a Katherine Goble (y posteriormente, Johnson), matemática, física y científica espacial que se desempeñó en diversos programas espaciales de Estados Unidos y a sus dos compañeras de trabajo, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, la primera, matemática, y la segunda, ingeniera, todas trabajadoras de la NASA. Y las tres fueron primeras en algo: Katherine, primera afroamericana en terminar con la segregación en la Universidad de Virginia Occidental; Dorothy, primera afroamericana en supervisar un grupo de los programas espaciales; y Mary, primera afroamericana que alcanzó el grado de ingeniera en la NASA.

Si bien el nacionalismo gringo presente en la película era un eje obvio al tratar el tema de la carrera espacial -lo que no quita que llegue a ser molesto en ocasiones-, lo que no era obvio, era cómo iban a representar a estas mujeres reales. ¿Sería como siempre? ¿Un grupo sin rostro de mujeres que consigue algo específico en una delimitada época de la historia? o ¿las veríamos a cada una, como una sujeta particular, parte de un todo, en todas sus facetas, tal cual cualquier mujer? Espero no equivocarme al decir que quienes hicieron el filme, supieron llevar cada una de las historias, mostrar las particularidades, los deseos, y sobre todo, los miedos: miedo a no ser lo que esperaban, miedo a no podérsela, miedo a ser segregadas.

Y he ahí un punto importante de destacar: si bien la historia es abordada desde una perspectiva de género, también se desarrolla el relato de una de las luchas que afrontaron millones en Estados Unidos, la segregación racial, bandera que al ser mujeres, pesaba el doble.

Es así como Talentos Ocultos nos demuestra la necesidad del feminismo, pero de uno interseccional, el cual no deje de lado la raza, la clase, e incluso, las creencias. Reivindicar a las mujeres como agentes de cambio histórico y sujetas activas, situándolas fuera del papel pasivo y secundario asignado en la historia oficial, es una materia pendiente. Por lo tanto, incorporar perspectiva de género en todos los frentes -incluido el cine- es una tarea para ahora.

Y es así también, como, con hartas ganas -a pesar de mi crítica al cine tan gringo, que podría dejar para otro escrito- volví al cine. Y no con una, sino con tres protagonistas mujeres.

Author

It's feminist, not feminazi! Mujer, 3/4 de agua y periodista también.