Si algo tenemos que entender de la industria de la moda es que nada es inocente y nada es casual, una industria millonaria no va a dejar las cosas al azar. Eso no anula, contradicciones mediante, el gusto e incluso el amor que se desarrolla por la moda. Pero esto último, está muchas veces vinculado a lo que representa cada prenda en la línea histórica de nuestra vida, el vestido que usé cuando lo conocí, la bikini que usé en esas vacaciones, los jeans que usé casi todos los días del 2008. Ese es el registro histórico de nuestra vida que pasa con sensibilidad por medio de las prendas.

Pero la industria es la industria y como tal, es implacable, también astuta y busca reconvertirse a la velocidad que le demanda el capitalismo. Si el modelo de familia y de pareja cambia, eso repercute en la moda o al menos se debe acusar recibo. No hacerlo sería una desinteligencia. De la misma manera que la tendencia a incorporar modelos plus size -categoría de la cual estoy en contra pero que desarrollaré en otra entrada- rindió sus frutos, la industria encontró en el último año el nicho que se mercadea como It YaYas y abarcar a las mujeres mayores de 50 años que siguen siendo fashionables. No se duda, entonces, en meter en la misma bolsa a mujeres de 50 con mujeres de 83,  error que no cometerían nunca con el mercado masculino. La razón es tan simple que aburre volver a escribirla: un hombre de 50 no es viejo, una mujer sí. Tan simple como eso.

Hace unos días La Izquierda Diario publicó un artículo firmado por Andrea D’Atri que pone sobre la mesa el debate sobre el cuerpo de la mujer. Con dicho propósito, cita un video que se hizo viral en estas semanas protagonizado por Jacky O’Shaugnessy, una de las modelos estrellas del nuevo sector de la moda en crecimiento, las It YaYa’s.  Dicho artículo está enfocado a defender el derecho de la mujer de tener el cuerpo que quiera tener, de envejecer con dignidad y mostrarlo sin recibir juicios. Extraño es que con dicho fin se ponga por ejemplo a una actual modelo que envejece con todos los artículos que su clase social y posición de privilegio pueden alcanzar. Si D’Arti empieza diciendo que las mujeres nos borramos entre tantas cremas y tratamientos para mejorar el cuerpo, debería saber que Jacky O’Shaugnessy está presente en gran parte gracias a todo eso. También es curioso elegir, desde la izquierda y en la sección género, a una mujer que fue estrella de America Apparel.  Quizás antes de escribir sobre los engranajes de la industria de la moda (y la cosmética) hay que investigar más.  Tanto o más que cuando leemos los materiales con los que fue confeccionada la prenda en la que vamos a invertir nuestro dinero.

Pero vamos por partes.

SECTOR SILVER

Jacky  O’Shaugnessy es un actriz y modelo nacida en New York que fue (re) descubierta por la marca American Apparel, siendo su imagen para la temporada otoño/invierno 2012. No es la primera vez que AA busca limpiar su muy cuestionada imagen con un gesto de grandeza, de corte inclusivo. El video que conmueve a D’Atri, y a miles de personas también, muestra a Jacky mientras se saca la ropa al mismo tiempo que narra, con crudeza, lo duro que es envejecer y el tiempo que le tomó aceptarse. Lo que se ignora cuando se comparte este conmovedor video, es que O’Shaugnessy es una de las modelos estrellas del sector silver (o It Yaya’s) que si bien aún está en un momento embrionario, proyecta crecer y explotar su mercado (mujeres mayores) en los próximos años. Así que perfectamente podemos preguntarnos si detrás de las buenas intenciones del video y su mensaje no hay nada más y nada menos que otra muestra de inteligencia de parte del capitalismo. Esto es perfectamente posible, ya que la tensión actual está basada en reconvertir el capitalismo en algo más humano o implosionar.

carmen Dell'Orefice
Carmen Dell’Orefice, estrella del sector silver

Hay que señalar también que el sector silver está enfocado en damas de la tercera edad que lejos están de las capas medias. Se enfoca fuertemente en las capas más altas y de mayor poder adquisitivo y sus modelos apuntan a compradoras de la casa de relojes Rolex o el prestigioso diseñador Tom Ford. La industria de la moda -y todos los objetos periféricos que la rodean- no está buscando incluir en absoluto el modelo de vejez con el cual tenemos que lidiar todos. Busca incluir y vender un modelo de tercera edad lo menos sórdido posible. Me permito dudar, entonces, de las buenas intenciones de todos, como me permito admirar también la inteligencia con la que se reconoce, se mercadea y se vende un nuevo mercado. Pero es eso nada más un nuevo mercado, no la inclusión real de personas mayores, no la aceptación del paso del tiempo, no la conciencia sobre la vejez.

AMERICAN APPAREL:  ABUSO Y COMERCIO JUSTO

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Basta poner el nombre de America Apparel en Google para descubrir que sencillamente es un monstruo. Desde el marketing escandaloso con el huracán Sandy, a las denuncias por acoso a las masturbaciones públicas de su creador, al sometimiento de empleadas como esclavas sexuales. AA hace marketing con el comercio justo, una manera elegante de decir voy a cobrar una fortuna en nombre de la bondad, o con las mujeres mayores. No tiene límites y sería muy inocente pedírselos, pero también carece de pudor y es una de las marcas emblema del dominio total del mercado de la moda sobre el cliente.

Si en Argentina es imposible que la compradora sea activa, es fundamentalmente maltratada, en Estados Unidos (o Europa) tampoco se hace mucho más fácil. Que una marca de ropa ofrezca un descuento especial porque viene un huracán y quizás estés aburrido en tu casa y necesites comprar ropa porque te estás por quedar potencialmente si nada, es insultante. Pero las denuncias y casos de acoso de AA solo ameritan un boicot sobre la marca, aunque desde ya pedir esto último sea imposible. Por eso, sobre la moda y la ropa que compramos y decidimos llevar cada día de nuestras vidas, hay que generar conciencia, la misma que se debe tener para escribir sobre un sector que, guste o no, decide los movimientos cotidianos de nuestra vida.

MI MUNDO PRIVADO

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Mi mundo privado

No deja de ser interesante ver las tensiones que hay entre moda y política. Estas no se deben padecer, se deben discutir y poner en crisis. Como compradora, hoy mucho más controlada, cada vez más me fijo qué compro y por qué. No hay que dejarse amedrentar por las vendedoras y tampoco hay que comprar prendas de baja calidad a precios de alta. Se deben revisar las etiquetas con la misma precisión con la que se debería revisar la naturaleza del video que decidimos citar para hablar de cese de explotación sobre el cuerpo.

Escribo esto porque es interesante el desprecio con el cual se escribe de moda. Las revistas para mujeres tienen mucho que ver en eso, pero eso no significa que puede escribir cualquiera y eso también engloba los productos para el cuerpo que utilizamos las mujeres. Los artículos provenientes del feminismo muchas veces tienden a desdibujar o llenar de culpa el deseo de la mujer de cuidar su propio cuerpo. Hay que tener cuidado con eso, porque lo que debemos hacer desde el feminismo es intentar ayudar a que el deseo de la mujer prevalezca. Debemos intentar creer que muchas mujeres gustan, gustamos, de mimar el cuerpo. Porque de eso se trata tenerlo todo, nuestra gran deuda pendiente. Podemos tenerlo todo y aún así tener una visión crítica y activa sobre aquello que consumimos  ¿Alberga esto que digo fuertes contradicciones?  Desde ya, a mí al menos me costó muchísimo distinguir entre mi deseo y el deseo masculino o, directamente, la presión social.  Pero yo sé que cuando decido cuidarme todas las noches lo hago por mí y no por los demás. No siempre las cremas que usamos son para borrarnos, a veces son para hacernos más presentes y celebrar que tenemos un mundo propio que implica el cuidado del cuerpo, una profunda conciencia de nuestras formas y un fuerte amor por lo íntimo.

En definitiva, recurriendo a una frase muchas veces usadas, es el derecho al cuarto propio. Esa búsqueda que nos debemos, en definitiva, no es dejar de usar cremas o de comprar ropa, es dejar de maltratarnos por acción u omisión. Que querernos profundamente no nos sea arrebatado. Que celebrarnos no sea confundido con someternos. Que la búsqueda de libertad de acción total sea posible. Y que, para cerrar, nuestra palabra cobre crédito entre nosotras. De la misma manera que yo le creo a las mujeres que deciden no utilizar ningún producto porque se sienten sometidas, demando que a mí se me crea que los uso no porque me siento liberada.  Simplemente me siento bien. Simplemente lo quiero tener todo.

Author

Helena es argentina, tiene el pelo más bonito que hayamos visto y una banda que se llama Los Galgos. En Twitter @losgalgos

  • Olivia Orozco

    Me quedo con los dos últimos párrafos, ya que, insistentemente se recalca en paginas feministas que querer estar “bonita” “fashion” no es consecuente con el feminismo. Lo que conlleva a que me planteé si el arreglarme como a mi me gusta me quita criticismo a este sistema patriarcal, la respuesta es no. Como bien dices ponerme cremas en el dia y en la noche no reafirma la idea de sometimiento, sino mas bien, el amor que una debe cultivar dia a dia en nuestro cuerpo y mente.