Para las mujeres que están más cerca de la maternidad, es muy común escuchar términos como “episiotomía”, “innecesarea”, “enema”, “pujos dirigidos”, “tactos vaginales” o frases como “los doctores prefieren hacer cesárea que estar 15 horas esperando (o acelerando) un parto natural”. Pero cuando hablamos de violencia obstétrica de ¿qué hablamos? Dejando de lado la horrible imagen que puede ser verte desnuda, con las piernas abiertas, ante un grupo de gente que en tu vida habías visto, y en un momento donde las dudas y el temor están más que presentes (¡no debería ser así!), en fin, vamos a lo legal.

Venezuela es uno de los primeros países en legislar sobre la violencia obstétrica y la define como“la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres”.

Y acá me detengo a invitarlos a reflexionar, empatizar o simplemente recordar: si en uno de los momentos donde necesitas más amor, contención y tranquilidad, cuando estás sola porque no es horario de visita y además, estás en contacto con profesionales de la salud que no te dicen ni como se llaman, o no te preguntan un básico “cómo estás?” antes de un “bájate los cuadros, abre las piernas”…si todo esto no es violento ¿Qué más lo puede ser? Todo lo anterior parece la descripción de una película de terror o de una violación, pero es una escena que se repite constantemente en muchos (y puse “muchos” para no caer en generalizar con “todos” hospitales).

En este tema entran en juego muchos factores, pero creo que lo más importante es la pérdida de humildad por parte de los profesionales de la salud al tratar con nuestras usuarias. Si no necesitaran de alguien que les explicara que pueden parir como quieran y donde quieran, que no necesitan de una matrona violenta que dirija sus cuerpos o que no necesitan de un doctor que quiere dormir a las 10 (y  pobre de ti que no estés a las 21:58 con tu bebé en brazos), no estarían ahí consultando. Si no fuera necesaria la educación por parte de nosotros (hablo por mi gremio matronil), no estarían ahí o ¿a ustedes les gustaría ir por placer a un lugar donde  les dijeran “deja de llorar, seguro te lo hice yo”, “no te gustó, ahora aguanta”, “no ocurriría todo esto si hubieras usado condón”?

Parece hasta una locura que los protocolos que tienen que ver con una parturienta buscan el evitar cosas básicas, como comer, tomar agua, caminar y se busque como generalidad el ponerle un suero, hacer episiotomías, asistir un parto en la posición más compleja para ella y la gravedad, (pero sí, cómoda para nosotros).

No olvidar: El parto es el proceso fisiológico más importante, el que marca más en la vida de una mujer y su gente, no dejemos que miedos e inseguridades manchen esta situación y que generen trancas innecesarias. Cada gestación, cada cuerpo es distinto y con esto quiero dejar en claro que el “sueño” del parto en casa, en río o en la montaña, no puede ser para todas. Cada una tiene que vivir su embarazo teniendo en cuenta los riesgos que hay en cada caso. Yo voy por que cada mujer elija cómo quiere parir y dónde. No te hace menos mujer el decidir parir en posición ginecológica, o elegir una cesárea, el tema está en tomar las decisiones informadas. Amigas, compañeros, familia, amigos y amigas ¡Infórmense! Lean y pregunten. Nadie nace sabiendo cómo parir a un hijo o hija, nadie nace sabiendo cómo ser padre, pero nadie debería NO ayudarte a aclarar tus dudas.

¿Alguien que nos quiera compartir su experiencia?, ¿cuándo o con qué se sintieron violentadas?

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Es matrona, le gusta el funk y las micheladas. No importa de dónde provenga ese jugo de limón.