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Lo que una persona depresiva como yo está aprendiendo con la cuarentena

Lo que una persona depresiva como yo está aprendiendo con la cuarentena

Lo que una persona depresiva como yo está aprendiendo con la cuarentena

Antes que cualquier cosa, advierto que este es un post muy personal y que espero le sirva a gente como yo a sentirse más reconfortada*. Soy una persona que está en el espectro bipolar, llevo ya cuatro años en un tratamiento continuo contra mis episodios de manía y depresión.

Vivo en una comuna donde dictaron cuarentena total (en la menos cuica, específicamente, y que ahora levantaron lol) y justamente el día que la anunciaron me quedé sola. Llevaba una semana en cuarentena voluntaria, pero felizmente acompañada por la Cona, una amiga. Ahora siento que el juego se volvió real y que de cierto modo, estoy viviendo esto en el contexto de las decisiones que he tomado en el último tiempo, como estar viviendo sola con mi gata, la Corina.

Quizás esto suena a una mala fórmula en la situación en la que el mundo está. He visto la preocupación de la gente a la que quiero porque obvio, los factores son como para preocuparse. Pero más que un periodo para tener miedo y angustia (que las siento, si no las sintiera básicamente sería una piedra), lo estoy tomando para aprender varias cosas.

*En esta entrada no pretendo dar cátedra sobre salud mental, porque no soy psicóloga ni nada parecido. Solo escribo desde el punto de vista personal. Si necesitan ayuda, les puedo recomendar seguir a especialistas bacanes como a MacNamara en Twitter.

Los pasatiempos son importantes y la vida no es solo trabajar

¿Les pasó a ustedes que con la cuarentena han trabajado cien veces más que estando en la oficina (para quienes trabajan en esa modalidad, obvio)? A mí sí, y en un momento estuve al borde de la locura. También sé de gente que con todo esto no puede concentrarse.

Inconscientemente tal vez, he acumulado (?) cosas que hacer en mi tiempo libre y que han servido de refugio en momentos como éste. Bordar, jugar algo, ver alguna serie, leer, cocinar (lo hago mejor de lo que pensé) todo vale en este momento, todo es un aporte, especialmente cuando no quieres darte vueltas pensando tonteras, yendo -virtualmente- del trabajo a la casa o corriendo en círculos porque no puedes terminar esa tarea.

No es solo depresión: es capitalismo (y es este país)

¿Vieron cómo una pandemia derrumbó todo? Yo ni siquiera sé si tendré un trabajo estable este año, se me han caído proyectos, y me di cuenta de que vivimos (bibimos) en un sistema muy frágil e injusto. Donde sacarse la cresta ni siquiera le da para comer a mucha gente. Donde muchas empresas que te engañaron con eso de que súper eres parte de casi que una familia pueden sin asco bajarte el sueldo o no pagarte si no puedes ir a trabajar. En un país que más encima, es de quienes tienen plata, no de todas las personas que vivimos aquí.

Entender esto me hace pensar que muchas de las razones por las que me deprimo tienen que ver con el país y el mundo que estoy habitando. Me he sentido desamparada en este sistema, echada a mi suerte. Muchas veces me da pena, por ejemplo, no saber administrar bien mis recursos, tener que levantarme todos los días a ser una máquina, porque si no lo soy me quedo sin techo, a que no tengo una familia que puede sostenerme económicamente si todo sale mal. Y todo eso tiene que ver con el capitalismo.

Estoy rodeada de gente que me quiere y que quiere verme bien

Esto, tal vez, suena muy obvio, pero conozco a gente que no tiene lazos realmente significativos más allá de la excusa del carrete o el evento social de cualquier tipo. Que tiran relaciones a la basura solo porque “ya no les sirven”, por descuido o derechamente porque son gente tóxica. De cierto modo, los compadezco un poco, porque quizás ahora no lo están pasando tan bien.

Me di cuenta (por vez número mil), gracias a la preocupación y el cariño de quienes me rodean, que tengo un círculo cercano muy fuerte y lleno de amor. Que hay que preocuparse de vuelta. Que hay que cuidar lo que tenemos. Que no hay que quejarse por tonteras ni bromear tanto con el “no tengo amigos”, “estoy solo/a”, etc.

Porque la vida es frágil.

El afecto físico era más importante de lo que creí

En general soy una persona media nerviosa a la hora de dar y recibir afecto físico, excepto contados casos. Pero con esto del distanciamiento social descubrí que el cariño más allá del pat pat para demostrar que quieres a alguien es necesario y que libera una felicidad que no sé bien cómo describir.

Cuando todo esto pase, quiero abrazar mucho a la gente que quiero, me va a costar un poco, pero quiero mucho hacerlo. Mientras tanto, a tener videollamadas como loca.

No tengo que ser tan dura conmigo misma, mucho menos ahora

Justo antes de que todo esto sucediera fui a la nutricionista. He subido mucho de peso el último tiempo y quería ordenarme más con mis comidas. Me sentía muy mal de algo tan básico como el hecho de que mi ropa no me cruce.

Cuando comencé la cuarentena se fue todo a la cresta: mi ansiedad y angustia se dispararon, a veces simplemente estaba lavando la loza y me iba a la cresta pensando que estamos en medio de una pandemia. Hablé días después con mi psicóloga y me dijo que de cierto modo, estamos en modo supervivencia. Que no es momento para pensar en estructuras tan rígidas.

Obvio que ahora estoy intentando cuidar mi alimentación, pero no quiero ser tan dura conmigo. No quiero exigirme más de la cuenta, en especial considerando que el mundo exterior nos está pidiendo tener un temple mucho más grande.

Amigues: hagan actividad física

Hace unos días me compré para la Switch el Just Dance 2020, y nunca pensé que me traería tanta satisfacción bailar y hacer el ridículo (porque lo hago pésimo). Eso de que te hace feliz es verdad, y la energía que no estamos gastando es mucha.

No sé qué más agregar a este punto jajaja. Sé que suena contradictorio con el anterior, pero al menos denle una oportunidad.

Mi vida es bonita, tal y como es, y soy muy privilegiada

Como dirían por ahí, no nací en cuna de oro, pero no he tenido una mala vida. Pude estudiar lo que me gustaba, he conocido a gente maravillosa, y hoy como nunca comprendí que el cotidiano en el que vivo es bacán.

Poder salir, caminar, mirar el cielo, tomarme un tecito, ir a la playa y mirar el mar, ver a mis amigues y pareja, tener a mis dos papás vivos y sanos, una familia que me quiere. En fin. Hay mucho que agradezco, y que pese a mis cambios de ánimo, me han hecho entender de una forma muy particular que vivir vale la pena, que enfermarse es penca, que el impulso de querer irme de este mundo (que no siento hace muchísimo) es algo contra lo que tengo que seguir luchando, porque hoy me siento bien, y va a seguir siendo así. Estoy segura.

Mucho ánimo y amor a todes. Como dijeron alguna vez Les Luthiers ¡La vida es hermosa!

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