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Desempolvar

Desempolvar

El diccionario de la RAE define desempolvar como “quitar el polvo” o “recuperar algo del olvido o de la falta de actividad o uso”

Hace una semana, más menos, fui a visitar a mis padres, a los que no veía hace mucho tiempo y extrañaba montones, sobre todo después del estallido social que hizo que la distancia entre Recoleta (donde ellos viven) y Ñuñoa (donde vivo yo) fuera abismante y que me sintiera con una imperiosa necesidad de estar en mi nido primitivo, mi hogar de infancia.

Cuando terminó el estado de emergencia, lo primero que hice fue ir a su casa, abrazarlos y dejar que la sobremesa después de almorzar hiciera lo suyo y nos permitiera compartir reflexiones y emociones sobre lo duro, complejo y oscuro de estos días.

Hablamos mucho. 

Pregunté cosas. 

Recibí respuestas.

Ahora que soy madre, he pensando demasiado sobre lo que significó ser padre y madre en una época tan siniestra como fue la dictadura. ¿Qué hacían con el miedo? ¿Cómo lograron darnos (a pesar de todo), una infancia tranquila a mis hermanos y a mi? ¿Cuánto dejaron de ser y hacer?

Y así, comenzaron a desempolvar.

De repente, aparecieron historias, recuerdos, anécdotas y dolores que jamás pensé iba a escuchar, esa parte tan tremendamente humana de los padres, cuando dejan el rol protector y son seres humanos que deben lidiar con sus propios fantasmas. 

Miedo al futuro, certeza de que debían protegernos. Hacer lo que sea por sobrevivir, conservar un poco de la paz de antes, darnos una infancia serena. Decisiones pesadas, trabajos duros, desencuentros, dudas. No hay tiempo para sufrir ni para dejarse llevar por las emociones. Hay que funcionar porque hay deberes. Miedo, miedo, miedo. “Pero mamá, ¿qué es lo que más te atemorizó?”, le pregunté. “Los aviones sobrevolando, luego la explosión. No sabía qué iba a suceder. Tu papá había salido temprano a trabajar, pero se tuvo que devolver. El sonido era espantoso. No sabía qué iba a suceder”. La incertidumbre como terror más primitivo. 

Y así, es que escondieron la basura debajo de la alfombra pensando que jamás les tocaría el momento de enfrentarla. Porque eso me decía mi mamá: “jamás imaginé que volvería a ver algo como esto”.

Y esta remembranza los ha hecho desempolvar, recuperar algo del olvido. Volver a esos momentos, ya con varios años (y muchas menos responsabilidades) encima y con una vejez medianamente tranquila, que no los priva de sentir que esto tenía que suceder y que son los jóvenes los que están haciendo las cosas que ellos ya no pueden.

Hay preguntas significativas que podemos hacerle a nuestros padres o a cualquier adulto querido que haya vivido la dictadura. Cuestionamientos que los ayuden a quitar el polvo y sacar a la luz sabores amargos, para dejarlos ir. Darles la posibilidad de la dulzura del desahogo. Esa verdad que tengan que decir lo más probable es que sea una llave tremendamente útil para nosotres, que ahora siendo adultos necesitamos usar para sobrellevar esto sin tener que ocultar tanto, esconder tanto.

Ayudemos a desempolvar entre todes la castigada historia emocional de nuestros viejos y viejas, y démosle la posibilidad de que vean esta revolución como un acto de justicia con ellos y con todes los que murieron dando la pelea por algo tan elemental como una sociedad más justa.

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