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La columna de Josefina González: Las niñas cochinas se quieren ensuciar

La columna de Josefina González: Las niñas cochinas se quieren ensuciar

Ayer leí en internet una estadística que me dejó pensando por mucho rato. Decía que en Concepción viven aproximadamente 223,574 personas y la población mundial de canguros es de 44 millones, lo que significa que si los canguros decidieran invadir esa ciudad, cada penquista tendría que luchar contra 197 canguros. Creo que en Chile se habla poco del apocalipsis o de las posibilidades de tragedias extrañas, posiblemente porque ya cumplimos nuestra dosis mental con los terremotos y tsunamis que nos han atacado uno tras otro a lo largo de nuestra historia. Hay datos oficiales sobre cómo el nombre Tsunami ahora es un nombre propio y hay niños en el territorio nacional que se llaman Tsunami Pérez y Tsunami Troncoso. Yo siempre he pensado que debería ser una moda oficial que las niñas se llamen Onemi y que nuestras otakus chilenas se identifiquen como Sailor Seremi. Camino por las calles del barrio Matta Sur y me imagino a hombres mayores adentro de sus casas llorando. Mamá, mamá, mamá. Los ancianos recuerdan los terremotos y lloran tomando vino porque le tienen fobia al agua y porque el mar se llevó sus casas y sus familias.

Las niñas cochinas se quieren ensuciar porque el agua es peligrosa y las señoras quieren volver a ser niñas e insultan a las mujeres más jóvenes solo por ser jóvenes. Las niñas llevan a sus muñecas sucias en sus delantales como si fueran canguros y se comen la comida con la mano. En Concepción mucha gente aborta y en Matanza nacen personas que luego se suicidan en Nacimiento.

Voy a contar algo que es verdad. Hubo un niño en Australia que no comía nada con las manos, jamás tocaba su comida. Su madre lo quería mucho cuando era un bebé pero comenzó a sentir miedo de él cuando sus ojos se volvieron fríos y carentes de empatía a los cuatro años. Una vez que andaban de compras, el pequeño le pidió a la mujer que le comprara un camión de juguete pero ella se negó, así que Futuro Asesino en Serie destruyó violentamente el juguete ahí mismo sin pensarlo. Cuesta creer que un pequeño niño pueda ser malo, pero Inglaterra lo sabe bien: expusieron tan masivamente el juicio a Jon Venables y Robert Thompson (ambos de 10 años de edad, responsables de la macabra muerte de James Bulger) que luego el gobierno debió invertir miles de millones de libras en preservar sus nuevas identidades una vez que se transformaron en adultos. Cerca de Oslo en los años noventa, la pequeña Silje Marie Redergård también fue asesinada por dos compañeros de juegos de solo 6 años, pero el pueblo decidió perdonar y olvidar porque en los países fríos la gente es más sabia que uno. Los objetos están más cerca de lo que parecen y la world wide web está llena de historias de madres que sufren porque sus hijos sociópatas se descargaron con sus Sailor Hermana Menor y les causaron la muerte.

— ¿Te acuerdas de cuando eras niño?
— Sí
— Ah, pero ¿como si fuera hace súper poco?
— No
— ¿Te trae recuerdos esta música?
— No
— Desde ahora te va a traer. Jamás vas a olvidar la letra de esta canción, aunque sea en inglés.

Todos los supermercados cercanos al centro de la ciudad han sido saqueados y las imágenes parecen sacadas de la catástrofe nacional del 2010. En la Plaza de la Independencia un parlante solitario chicharrea a máxima potencia. Do you come from a land down under? Where women glow and men plunder? Can’t you hear, can’t you hear the thunder? You better run, you better take cover. Si no viviéramos en un país tan católico no tendríamos que preocuparnos por las plagas que nos castigan, dice mi mamá. Dice que las palabras crean realidades y yo creo en sus palabras porque es mi mamá. Afirmo la tierra con las manos para no sentir miedo y me uno a la milicia de las niñas cochinas para dar la pelea. Cada una de nosotras tiene una marca de guerra hecha de barro en la frente. Los canguros no son mala gente porque no son gente, pero los niños chicos sí pueden ser bestias malvadas y destructivas aunque la justicia Noruega diga lo contrario. Un animador de eventos sobre el escenario de un pub santiaguino dice que lo único bueno que hizo Hitler fue matar a Hitler, y el público se ríe. Todo Concepción ha sido asesinado.

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