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Donde se inscribe lo real

Donde se inscribe lo real

1:

Esther ya pasó los 50 años, y todas las mañana el despertador le suena a las 5:30 de la mañana. De lunes a sábados esa es su rutina, aunque el sábado estira un poco más y le gana una hora al sueño marcado las 6:30 am para que suene la alarma. Esther vive en Ciudadela, en una casa que bordea una de las tantas villas que se despedazan en la primera parada del Oeste bonaerense. De todas maneras, para ella fue y es un avance, luego de transitar las villas Rodrigo Bueno y 31 Bis. Esther tiene dos opciones de viaje todas las mañanas: el 146 rumbo al correo central o el Sarmiento rumbo a Plaza Miserere y, de ahí, el colectivo a Retiro, que es donde Esther trabaja limpiando casas. A Esther ya la asaltaron muchas veces y por eso, sale cada mañana con un pequeño cuchillito que solo va a usar en caso de que intenten violarla o matarla o ambas. Si bien es cierto que muchos trabajadores salen solos por la mañana, una cuando camina está sola y Ciudadela no se caracteriza por abrir las puertas frente a los gritos de ayuda. Si a un colectivero de la 343 le cortaron un dedo por no tener nada digno de ser robado o los tiros son moneda corriente cuando cae la noche, o incluso antes, poco puede esperar una mujer. Pero Esther tiene que ir a trabajar así que todas las mañanas se inscribe en la larga lista de creyentes y estampita de San Cayetano en mano, santo predilecto junto a San Ramón de todos aquellos que somos del corredor oeste, le pega derecho a Retiro. Esther no se detiene a pensar si esta presa de la rutina cotidiana o si los titulares de los diarios van a inscribir su nombre alguna vez. Esther hace lo que tiene que hacer.

2:

Detrás de toda batalla por ampliación de derechos civiles, hay de base un cruce entre clases sociales. Cuando el feminismo pierde foco en eso, empiezan los problemas y esos problemas son serios. La práctica del feminismo sin sustento político detrás es nociva e irresponsable. Eso no empieza de la nada, no surge solo. Que el feminismo es mercancía no es nada nuevo, pero que está enfrentando un momento de refinamiento de la venta de esa mercancía sí lo es. Se encarna en las estrellas de música pop (Beyonce, Taylor Swift) de cine (Emma Watson) o de TV (Lena Dunham). Cuando ellas nos invitan a comernos el mundo o a ser mujeres libres, olvidan los límites que nos plantea nuestra economía, situación laboral, habitacional y territorial. Invitar a las mujeres a “empoderarse” en un mundo que es violento desde el género pero también más allá del mismo, podría no ser una buena idea. Hay que tener templanza para separar las cosas, sin por eso caer en el desprecio arbitrario de las formas de la cultura pop o de masas. Pero, a la política lo que es de la política. El feminismo en pos de avanzar, debe volver a sus raíces que son la ampliación de derechos. Y eso no se resuelve en un half time show del Superbowl.

3:

Las noticia del momento, o una de las tantas noticias del momento en un mundo agitado, es que dos turistas argentinas habrían muerto en Ecuador, más precisamente en Montañita. No es la primera vez que nos enfrentamos a un hecho similar en donde se reproducen, casi de manera coreográfica, la suba de indignación en las redes sociales. Primero, por como titulan los medios, luego por la supuesta incompetencia de las autoridades, más tarde porque el mundo es injusto, luego porque parece no haber salida, hasta que finalmente se apaga y eventualmente vuelve a empezar. Tómese esto como una observación y no como una crítica ya que mi participación en dicho ciclo es innegable.

Ayer, en este mismo sitio se publicó un artículo al respecto y como hemos hecho en otras oportunidades, se brinda una visión opuesta o complementaria. En este caso es opuesta porque mi desacuerdo, sin caer en lo personal, es de plano.

Lo primero a refutar es el título “No tenemos miedo” y la afirmación, tajante, de que no hay nada que temer. Teniendo en cuenta que llevo más de 30 años habitando América Latina (Capital Federal fue, es y será mi hogar), puedo afirmar que hay cosas que son de temer y eso tiene que ver con la dinámica de nuestro territorio. No tengo intenciones de promover que las mujeres no deben temer. Sí deben temer porque es admitir la realidad y negarla no es aconsejable, porque te puede golpear mucho más fuerte y quizás no te levantes. Atentas y realistas ante todo.

El primer error del artículo firmado por Virginia Parra es afirmar, con total desconocimiento de cómo marcha la causa y qué dice el expediente, que lo acontecido a las turistas no tiene nada que ver con el lugar en donde estaban y adjudicárselo directamente al género. Entiendo que como feministas o como mujeres, desde la sensibilidad, se ponga el foco en el género. Pero tenemos que comenzar a pensar en mayor profundidad las cosas. Las llamadas de atención sobre Montañita son similares a las que se leyeron sobre la playa uruguaya Valizas. En Mayo del 2014 se encontró el cuerpo de un turista chileno desaparecido en Montañita y, en febrero de ese mismo año, fue cuando la corriente arrastró el cuerpo de un turista Mexicano a las arenas de dicho balneario. En todo caso, habría que señalar que los móviles contra las mujeres son de carácter sexual (violación) o de índole criminal, con el objetivo del secuestro para la trata de personas (sea el destino una maquila o un prostíbulo). Pero obviar el territorio y no someterlo a un analisis es relativizar las cosas y negarse a exponer las fracturas, obvias, que asolan a Latinoamérica. Frente a eso, caen tanto hombres como mujeres y, si se va a esgrimir el género como móvil, lo cual es válido, hay que dar cuenta del crecimiento de redes de trata en la región. Entonces el razonamiento de Parra es no tenemos miedo pero nos matan por género. una cosa contradice a la otra.

Frente a eso, lo que vale siempre es la información, es recomendable leer a la periodista Lydia Cacho para recorrer el mapa de la trata en América Latina y cómo se despliega, cuál es su modus operandi y qué objetivos persigue. Como también las necesarias investigaciones sobre femicidio del periodista Federico Fahsbender para INFOBAE o los artículos de Roberto Saviano sobre Berlusconi, que terminó también en el tráfico de mujeres.

4:

Entonces, ¿No hay que temer? Yo pensaría dos veces antes de afirmar eso en un medio. Porque la realidad, reflejada en crudas estadísticas, me pueden llegar a decir que me estoy equivocando.

Pero lo más llamativo (y grave) del artículo es afirmar sin sombra de duda que somos más fuertes y no nos han ganado. Poco feliz decir eso con la noticia fresca de un presunto doble asesinato y poco feliz establecer esos parámetros, que podrían ser candorosos pensando bien, pero son absolutamente irreales y distantes de la vida cotidiana de América Latina. Uno podría preguntarle a la autora si tiene entrenamiento avanzando, no básico, en técnicas de defensa personal. Si porta armas legales en sus viajes (gas pimienta, Victorinox, picana eléctrica) y si fue entrenada para el uso de ambas. Si se sometió a ejercicios de shock y si conoce también cada vericueto legal del mapa latinoamericano. Si practicó tiro; conozco mujeres que lo hacen y lo hacen muy bien. Puede que la respuesta sea sí, pero en el artículo no esta presente. Está presente la libertad, pero la libertad no te saca un tipo de 90 kilos de encima. Y la realidad es que hay grandes, enormes, posibilidades de que eventualmente te tengas que sacar un tipo de 90 kilos de encima. Y lo que te va a salvar ahí no es un encendido post en nombre de la libertad. Te va a salvar haber decidido probar y elegir una manera real de defenderte sin sentirte culpable por eso.

El feminismo entonces debe destrabar el tabú sobre el uso de la fuerza física y la legítima defensa porque ya lo ha hecho antes. ¿Por qué no hacerlo ahora? ¿Acaso es incómodo? ¿Acaso vendemos menos si decimos estas cosas en lugar de comentar la última ocurrencia de una diva pop? ¿Nos hacemos menos populares si somos realistas? ¿Menos cool? ¿Menos hype, edgy, trendy? ¿Perdemos juventud? ¿Le ponemos fin a la adolescencia en un mundo que nos invita a vivir bajo el síndrome de Peter Pan para siempre? ¿Somos mala onda? ¿Demasiado serio este artículo?

Si, este artículo lo escribo con severidad y seriedad. Como he escrito otros bajo la ternura y la ensoñación, el amor y la amistad. Ser severo y serio no es algo muy bien recibido en un mundo que te empuja a desafiar los límites exacerbando la adolescencia y la “rebeldía” Ad Eternum. Si a esto le sumamos que la evasión es casi una búsqueda constante, todo se complica. Porque las mujeres pueden tener un deseo y el feminismo puede cristalizarlo, pero el mundo fácilmente puede deglutirlo si se niega la realidad.

Y la realidad es que el narcotráfico asola el continente, como también el tráfico de mujeres y no hay que descartar que llevamos años de gobiernos populistas con mandatarios que no han hecho más que exacerbar de plano y sin pudor, mediante declaraciones públicas y decisiones políticas, una mejora real y taxativa de la vida de las mujeres. Eso, ténganlo bien presente.

5:

Las lectoras que llegaron hasta acá pueden preguntarse el carácter del primer párrafo. A Esther la conocí charlando en una playa de la zona de Pinamar mientras esperaba el regreso de una amiga que había salido a vender collares y pulseras. No estaba de vacaciones, viajaba con una de las familias para las cuales trabaja y comenzamos a hablar en su única tarde libre. La conversación se dio de manera fluida una vez que establecimos que las dos somos del oeste y que las dos conocemos la villa de emergencia 1-11-14, una, como ex habitante; la otra, como docente circunstancial. El cuchillito llegó a la conversación porque vivir en Ciudadela es bravo. Y viajar sola también, le dije. Por eso, conmigo el gas pimienta y la Victorinox. Me preguntó si la venta de lo primero era legal; le dije que sí, que se consigue en mercado libre o en casas de camping incluso pero que no aconsejo su uso sin entrenamiento de defensa personal y que, para que negarlo, admitía que el mío aún es muy precario aún. Hablamos de lo difícil que son las estaciones Villa Luro y Ciudadela, por oscuras y abandonadas. Lo complicado que puede ser salir a buscar el 166 en Juan B Justo o el 1 en Rivadavia. Muy temprano a la mañana o muy tarde por la noche. Y que en eso, estamos solas y que muchas veces nadie nos pregunta si podemos solas o si queremos solas. Sus empleadores no le preguntan si puede sola y yo tuve novios que no me preguntaron si quería volver sola a casa.

Yo no puedo sola ¿Qué obtengo, que gano diciendo que sí puedo sola? ¿Qué gano diciendo que sí prefiero viajar con mi novio? ¿Qué gano negando que no quiero ni tengo interés alguno en tomar riesgos que puedo evitar? Nada. Pero para poder sola, hay que animarse a hacer determinadas cosas porque siempre, y esto lo puedo asegurar, es mejor arrepentirse del golpe dado que del golpe de no dado. Del segundo no hay retorno. Y bajo ese carácter, es donde al menos una se convierte local de una mina y comienza a ganar terreno. Luego viene todo lo demás. Incluso la libertad.

:UPDATE:

Los familiares de Coni y Menegazzo viajaron a Ecuador para el reconocimiento y repatriación de los cuerpos de sus hijas pero no pudieron reconocerlos. En declaracion a TN Gladys Steffani, madre de Coni, se mostró tajante al afirmar que su hija jamás hubiese accedido a entrar a la casa en donde el gobierno Ecuatoriano dice se cometieron los crímenes.

Ambas familias piden la intervención urgente de forenses argentinos, mientras mantienen serias dudas sobre si los cadáveres que pretenden entregarles son los de sus hijas ya que, en sus propias declaraciones, se encuentran desfigurados.

Su hipótesis sigue siendo que sus hijas están vivas y secuestradas en una red de trata con fin de explotación sexual.

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