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Deadpool: Máximo Esfuerzo

Deadpool: Máximo Esfuerzo

(Porque te queremos te avisamos: spoiler alert!)

Se suele confundir el uso de la incorrección política con el ejercicio de la homofobia, la misoginia o el seximo. Llene el casillero a su gusto. Bajo el rótulo de incorrectos, muchos no dudan en disparar dardos que solo esconden un fascismo lavado, bastante cobarde y sobretodo anticuado. Si a eso le sumamos el canto de la libertad de expresión, obtenemos una linda bomba hecha a base de mediocridad.

Ahora bien ¿cómo se distingue la verdadera incorrección, que suele ser divertida e hilarante, del fascismo de los derrotados?. Fácil: se compra una entrada de cine y en el ticket tiene que decir #Deadpool.

El cine parece alejarse cada vez del público adulto, de la misma manera que el público adulto se acerca cada vez más a la comunidad kid-dult. Nada bueno puede salir de ahí, basta ver la última entrega de Avengers para corroborar ese dato. La última saga de héroes enteramente pensada para adultos fueron las Batman de Nolan y podríamos arriesgar la Superman de Singer. El resto son películas pensadas para un público ATP en donde la violencia se ve diluida y la sangre es borrada. Es el fin del mundo pero ¡hey! no derramamos una gota de tu cero negativo.

Es ahí donde #Deadpool toma y asume su primer riesgo. Entra al cine con la calificación R. Marketing, suicidio comercial, riesgo artístico, todas o ninguna. Pero eso es lo que sucede y desde el inicio de la película, la sangre salpica nuestras butacas y la gente respondió bien, ya que no para de llenar asientos para ver de que se trata el primer batacazo cinematográfico del año.

En líneas generales #Deadpool se inscribe bajo el rótulo de anti héroe. Wade Wilson es un matón a sueldo con un pasado en el ejército a quién le diagnostican cáncer en casi todos sus órganos. Sin esperanzas y enamorado, se somete a un estudio en donde le juran que le van a cambiar la vida. Sin duda lo hacen, pero el precio es una larga lista de torturas y vejaciones, seguidas de un intento de asesinato y un cuerpo desfigurado. El objetivo de Wade no será entonces salvar el mundo, eso sencillamente no le interesa, será recuperar su cuerpo y, desde ya, a su novia.

chimichanga

El escenario que se plantea y la historia parecen lineales. Lo mismo se le puede atribuir a Mad Max – Fury Road donde el objetivo es cruzar el desierto. Lo que seduce en ambas, tan distintas y tan cercanas, es la virulencia con la que se encaran los objetivos. Wade  no se retuerce en largos planteos morales y éticos sobre el bien, el mal, aquello que es correcto y lo que no lo es. No hay una larga y complicada cadena de enredados planes mortales para arrasar con la vida humana. No hay un debate sobre a quién se salva primero y cuales son las prioridades. Wade tiene deseos potentes pero al mismo tiempo cercanos, delirantes pero totalmente comprensibles y una tremenda vocación para el todo o nada.

Más cerca de los humanos que de los dioses, Wade  no quiere ver ni el mundo arder ni detener el tráfico de armas a nivel global. Solo quiere ir a casa con la persona que ama.

En el camino de vuelta, al hogar, #Deadpool despliega una fuerza narrativa que se extrañaba en el género. Eso no quiere decir que el espectador deba esperar cruces al estilo Fincher-Sorkin (dupla estrella de The Social Network) pero si debe prepararse para atajar planteos de un protagonista consciente de si mismo. Esto quiere decir que #Deadpool se narra en primera persona mirando a la pantalla y encarando al espectador que se ve por momentos descolocado más no subestimado u ofendido. Ahí radica la fuerza de la película cuando infiere, con motivos, que el espectador hace rato, ¿años?, no espera nada nuevo. Lo provoca, lo moviliza y le otorga un rol activo. ¿Hasta cuando vamos a seguir cortando tickets por películas de, recurriendo a la sinceridad de Wade Wilson, mierda? Y nos carga al hombro su premisa madre: #MáximoEsfuerzo.

Ese esfuerzo que pide #Deadpool es entender que la verdadera incorrección política radica en, nuevamente en la línea literaria de Wade Wilson, tener las pelotas de reírse de uno mismo y luego el descaro de reírse con y de los demás. Asumiendo eso a un 100%, #MáximoEsfuerzo, el hombre detrás de la máscara, el otrora galán Ryan Reynolds, no duda en reirse de sus fracasos, Linterna Verde, y de su pasado como tapa de los tabloides americanos. Sinceridad brutal mediante, se habilitan los chistes sobre absolutamente todo y sin lugar para los débiles.

deadpoolll

Pero es un momento muy breve en donde #Deadpool logra uno de los mejores chistes en años. Todos sabemos que el feminismo está de moda y que eso no trae precisamente 101% consecuencias positivas para todas las mujeres. Uno de los puntos débiles de este hype es que le pide a la industria el entretenimiento y a los famosos que respondan y accionen sobre cuestiones que golpean a la mayor parte de la población: los normales. #Deadpoool toma nota de eso y expone en unos breves segundos lo ridículo de la situación en el medio del raid de violencia que encara Wade cuando decide buscar a quienes experimentaron con su cuerpo. Apuntandole a una mujer #Deadpool dispara: “No estoy seguro….. ¿es sexista matarte o es sexista no matarte?”. No reirse es absolutamente imposible ¿por qué no hacerlo?. El objetivo de #Deadpool no es reirse “de las feministas” o “de las mujeres”. Es reirse de la hipocresía de la industria que renta con “las feministas” mientras maltrata “a las mujeres” y vende que se puede cambiar el status quo desde un set de filmación de HBO. El entretenimiento es eso: entretenimiento. Y es también, licencia poética marxista mediante, mercancía. Queda en nosotras distinguir que compramos y que no. Queda en nosotras también saber reírnos. ¿O acaso no se rie #Deadpool del estereotipo del super heroe cuando deja que su novia le practique sexo anal en nombre de “Día Internacional de la Mujer”?.

En el medio hay una adolescente POR FIN haciendo de adolescente (nothing compare 2 you, I love you), una mujer negra y ciega roomate oficial de Wade, un malo con acento inglés, un amigo corte indie, Gina Carano repartiendo píñas, una mujer que raja la tierra de lo buena que esta y Stan Lee a cargo del cameo innecesario. Pero ese medio no acciona como relleno y tampoco como relato coral. Acciona como debe accionar el cine, mediante tracción pura sangre.

Y esa tracción es la que le permite a #Deadpool derribar todo lo que se le ponga adelante.  Ya era hora.

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