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Mockingjay: Human After All

Mockingjay: Human After All

Para quienes ya leímos la trilogía de Suzanne Collins tiene sentido que Mockingjay llegue al cine en dos partes. El libro -que seguramente fue concebido con el cine como destino natural- tiene un corte perfectamente calculado, que justifica ser filmado en dos entregas. Para muchos de los lectores la última parte de la saga es la más floja y probablemente lo sea porque la distopía de alguna manera queda atrás y nada es un juego. La realidad, televisada, se impone y no hay pruebas o cacería humana que la distorsionen. La cosas son lo que son y no son agradables. La virtud de Mockingjay es que es un libro seco, por momentos doloroso,  que tiene como tarea contar el final y ese final es, guste o no, el fin de la revolución.

Katniss Everdeen logró sobrevivir, por segunda vez, a Los Juegos del Hambre, y al mismo tiempo lidiar con el drama adolescente y al primer gran amor.  La esencia de Everdeen esta lejos de la arrogancia de una líder nata, no lo es, por el contrario rechaza el lugar que le fue otorgado. El peso que lleva consigo Katniss es un valor hoy en baja: es creíble y lo que hace lo hace por sus vínculos. Es interesante el carácter profundamente  humano del personaje creado por Suzanne Collins, que decidió construir una mente no estratega o portadora de grandes convicciones políticas y sí decidió construir un ser humano inseguro, que sufre y padece el sufrimiento de los que ama y no puede detenerse a llorarlos.

Katniss, al contrario que su primer amor Gale, no tenía procesadas las diferencias de clase, la lucha que estas imponían y lo inexorable de la violencia como única salida. Su padecer es mas íntimo y no por eso menos relevante. Y es entonces realmente interesante la elección de Collins, con respecto a su entrañable construcción: Katniss Everdeen no es una heroína que se ofrece como un Cristo a la revolución, es sencillamente, una persona común que saca desde donde no tiene para salvar a los que ama.  Su objetivo no gira alrededor de la noción de cambiar el mundo, su objetivo directo es mitigar (incluso impedir) el dolor ajeno. Katniss hace algo absolutamente revolucionario: piensa en los demás antes que en si misma.

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En la última entrega de los Juegos del Hambre – On Fire, vimos como Katniss era rescatada y el destino de Peeta quedaba, para el espectador, sin resolver. Lo que descubrimos en Mockingjay es que Katniss formaba parte de un plan mayor que venía siendo orquestado por el falsamente desaparecido Districto 13.  El objetivo es la guerra civil, el fin del Capitolio y el restablecimiento de una democracia que otorgue iguales derechos para todos los ciudadanos. Katniss de esto no sabía nada y su único enojo, su furia, radica en que Peeta no fue salvado. El fuerte sentido de la lealtad encarnado por el personaje que lleva adelante Jennifer Lawrence no comprende la traición. Es que no sabe que incluso en la nobleza de la revolución, la esencia de la política sigue presente y eso implica no contemplar individualidades, deseos o dolores privados.  Eso que no comprende Katnniss, que tanto le duele, es la pregunta que los movimientos de izquierda no pueden (tampoco quieren) contestar: y ¿con lo que sentimos qué hacemos? El proceso de deshumanización que implica una guerra civil, habrán muertos y serán miles, es parte del proceso de deshumanización que muchas veces requiere, pide y exige la militancia. Me sorprende, también me conmueve, la desconfianza natural que tiene Katniss ante los líderes revolucionarios. Parece saber, sin praxis alguna, que el engranaje de la política lleva conisgo la traición. Por eso su elección es confiar en lo que el corazón le reclama para si, sabe que en orden de no traicionar a los demás uno no debe cometer traición para consigo mismo.

Una cosa que molesta mucho de Mockingjay, se puede leer una y otra vez en numerosas críticas, es la falta de espectacularidad en la rebelión. El Districto 13 es netamente gris y ese será el color que marque la película en contraste con la vivacidad del Capitolio. La revolución es una mercancía entre tantas, pero la realidad politico-militar es así: gris, austera, fría. La revolución no es la tapa de Sandinista, no es el ridículo de Calle 13 y no son, ni siquiera, el movimiento de indignados. La revolución implica la guerra, trae consigo en momentos drásticos lo peor de las personas, no es para todos (ni debe serlo) y necesita responder a un orden de hierro. Mockingjay en su primera parte revela esos aspectos, los menos ¿divertidos?, reservando para su segunda parte el enfrentamiento en campo de batalla. Quizás esa espectacularidad que tanto se demanda sacie los deseos de ver otros colores, quizás aquellos que corresponden a los fluidos. Como la sangre.

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¿Es Katniss Everdeen un personaje feminista? Ciertamente se le puede buscar la vuelta para enmarcarla dentro del feminismo del siglo XXI, el feminismo de fuerza, el feminismo de la fuerza bruta. Cerca por momentos de Jane Eyre y definitivamente lejos de Juana de Arco, Katniss no cree en una fuerza superior, se puede ver en la protagonista de la distopía más exitosa de la década como una respuesta al feminismo burgués en la línea -salvando método y objetivo- que propone Gone Girl.  El capitalismo y sus métodos brutales solo puede tener una respuesta igual de brutal. En ese legado histórico se para Katniss Everdeen en un mundo de fantasía que tiene demasiado de real y en respuesta a la brutalización total a la que la someten busca, intenta y pelea por guardar sus rasgos humanos. Es eso, no otra cosa, lo que altera los planes de la cúpula del Districto 13. Katniss Everdeen es demasiado humana, puede fallar.

Finalmente Mockingjay es eso: los prelimianares de la revolución, el precalentamiento antes del ataque final, medir las fuerzas contra las que hay que enfrentarse. Sobreviven los más aptos, entregan la vida muchos, creen casi todos, se contagian del fervor la amplia mayoria, van a la lucha los fuertes y los débiles, todos reciben el castigo del aparato estatal, son asesinados y calcinados, tienen miedo incluso del miedo, toman riesgos y entienden que una vida esclava es un mientras tanto para la muerte. En el medio de todo eso, de las reivindicaciones políticas, de las exigencias de la revolución y la bestialidad de la guerra se sostiene Katniss Everdeen como única esperanza.

Es ella, no la dura presidente encarada por Julian Moore, quien logra que todos crean. Es negarse a aceptar el dolor por el dolor mismo la que moviliza a la gente a seguir adelante con una empresa que será para la mayoría un suicidio anunciado. La revolución se televisa, es esa la tesis de Los Juegos del Hambre, pero la pantalla debe traspasar. Es el tacto humano el que promueve la búsqueda incesante de una vida mejor. No hay que olvidar que fue el amor de dos, el de Katniss y Peeta, el que logro conmover a los oprimidos. Ese amor de dos, tan vapuleado a veces por los sectores de izquierda por burgués, el que permite el refugio natural ante el dolor de un mundo en ruinas. Es la promesa de que de a dos es mejor. Uno se salva en la medida de que salva al otro.

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