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Matías Correa publica Autoayuda: “quería sacar la novela de ese espacio wesandersoniano local”

Matías Correa publica Autoayuda: “quería sacar la novela de ese espacio wesandersoniano local”

Matías Correa es profesor de filosofía y escritor. En el 2010 publicó Geografía de lo Inútil y dos años después, ganó una beca para asistir al Programa Internacional de Escritores de la Universidad de Iowa. Ahora, vuelve a publicar una novela titulada Autoayuda y en esta entrevista nos cuenta sobre ella, la generación wesandersoniana, y los monstruitos que deambulan por las ciudades.

-Leí Geografía de lo Inútil y la encontré difícil. Más densa ¿Crees que Autoayuda sigue esta línea?

Autoayuda es una historia que corre del punto a al b, va de corrido y es fácil de leer. Quería escribirla de esta forma, porque me resulta más difícil. Es como portarse bien. La novela es sucia, o cuando la terminé pensé eso: que era cochina y muy oscura. Después me fui dando cuenta que también era triste y muy divertida.

Como encontraba que el desarrollo era torcido, no quería torcerlo más, con una estructura enrevesada. Y lo otro, Geografía de lo Inútil era una novela de cabeza, intelectual, mucho más pretenciosa. Está plagada de referencias filosóficas y son historias dentro de historias. Está lleno de cajitas y vueltas, me la imagino como un libro pop up. Esta en cambio, tiene más guata. Existen esas personas dando vueltas por Santiago.

-Sí, el protagonista es un hijo de puta.

Sí, es detestable Mena, pero es tan detestable como el loco que se está tirando tu amiga. Es lo que botó la ola después de Piñera. El tipo es un monstruito social y moral, pero un monstruito al que le pasan cosas, por eso yo creo que aunque sea tan difícil de tragar, si el loco genera empatía con el lector, es placentero.

En el libro, se puede ver algo de melodrama masculino, sobre cómo Mena va lidiando con la soledad. Independientemente, de si el lector aprueba o no sus métodos, el personaje muestra el proceso sin asco y se expone.

“Que me interese que cualquier persona pueda empatizar con ese personaje, no significa que quiera salvarlo o que esté de acuerdo con él. Es un tipo que es pura superficie. Que te deje tu pareja qué significa: significa que te pasó una hueá de mierda y te da pena. Significa que escuchas algunos discos con mayor frecuencia, o que te emborrachas más, o que te drogas, andas más promiscuo, no sé, lo que sea. Después se pasa y uno se arregla, pero cuando eres pura superficie, basta con que se resquebraje un poquito la carcasa para que aflore qué, nada, literalmente, un puro vacío y ahí se desmorona todo”.

-Cómo se hace para crear un personaje con el que no estás de acuerdo. Ir construyéndolo sin exagerar ni comprometer ciertos acontecimientos o desarrollos en la novela.

Murci Rojas no estaba de acuerdo consigo mismo muchas veces y nos demuestra que entonces sí es posible. Cuando estaba escribiendo, estaba convencido que era posible catalizar belleza a partir de la mierda y ese era el gran objetivo. No sé si lo logré, y ¿cómo se hace? Utilizas tus propias experiencias de mierda y empiezas a cocinarlas. Tenís que tomar mayor distancia porque no puedes ser complaciente con el personaje. También tenía la suerte de que existen como tres versiones de ese Mena dando vueltas por el mundo. Los conocía, me tomaba tragos con ellos, me fumaba unos pitos y a pesar de que podían ser detestables, me era posible a mi también sentarme con ellos.

Igual era un reto, porque el personaje en ningún caso se salva racionalizando su situación, es difícil excusarlo de esa manera. La única que te queda es la afectiva. Yo he sido un hueón de mierda, no me gusta serlo y prefiero no excusarme, no sé, uno tiene que lidiar consigo mismo y eso significa entender lo peor de uno y no borrar con el codo esas partes de la biografía que te avergüenzan. Y ocupe todo eso para crear a ese hueón.

-A lo largo de Autoayuda hay detalles que construyen la relación del personaje con su soledad, con su entorno, con el uso de recursos que estén a la mano para satisfacer ciertos vacíos y también, existen pequeños guiños a canciones de músicos locales y al uso cotidiano del Internet ¿Son detalles para dar contexto o son menos importantes que eso?

En ningún caso me interesa hacer de la literatura sociología, ni deconstruir una década o un par de años. Lo mismo con la locación de la novela, no me interesa analizar el cuiquerío, simplemente esta ahí y creo que la mejor manera de tomar distancia mirarlo de lejos, ver como funciona y entenderlo, es llamando la atención sobre esos pequeños detalles. Además, te dan una cierta experiencia mas vívida de lo que está sucediendo. Eso de verdad pasa aunque sea ficción, pasa en un lugar, suenan canciones, se ven películas, etc.

Autoayuda

“La Dehesa Perdió”

-Es fácil relacionar tu libro con el trabajo de Fuguet, quien además se encargó de presentarlo en el lanzamiento.

Cada tanto se publica en Chile y en el mundo novelas como esta. Piensa en El Inútil de Joaquín Edwards Bello, Muy Temprano para Santiago de Palazuelos, Cristián Huneeus con Gaspar Ruiz, a Fuguet con Mala Onda, y después Hernán Rodríguez Matte, a principios del 2000, con Barrio Alto. Tiene algo que ver con todo eso: es una relación espacial, se hace cargo de un espacio social, que tiene como correlato un espacio geográfico dentro de la ciudad.

Tiene que ver con que yo viví mi adolescencia en La Dehesa y después no volví. Por un lado, quería hacerme cargo de eso, pero no escribir una novela sobre ese lugar, quería que estuviera ahí porque es parte de mi biografía también. Es difícil lidiar con La Dehesa, es un lugar culiao. En general, a los que conozco que han salido de ahí, optan por la negación, onda “este lugar no existe, esos nunca fueron mis barrios”.

-¿Por qué?

Es súper incómodo sentirse identificado con eso. En cierto sentido, lo peor de Chile esta ahí. Cuando hablas de desigualdad, tenís que tener dos términos, tiene que haber una simetría y ahí tenís el término de la relación de desigualdad, que a su vez funciona como imán aspiracional, aunque ya no tanto, quizás hace 10 o 20 años efectivamente, todo Chile quería ser La Dehesa. Actualmente, todo Chile entendió que no tenía sentido serlo, que era impracticable.

Entonces, quería hacerme cargo de eso, lo que no significa agarrarlo a patadas ni elevar alabanzas, sino ponerlo en escena. Y por otro lado, la novela iba a tener lugar en Ñuñoa, donde yo vivía hasta hace poco. Quise sacarla de Ñuñoa porque tal como Providencia, en algún momento se convirtieron dentro del imaginario colectivo, en un lugar que no es ninguna parte, pero es todo el mundo a la vez, es como la safe zone de la estética. En Ñuñoa convive el hueón que estudio en Maipú, el hueón que se aloja en Recoleta pero trabaja ahí. Todos son amigos en Ñuñoa y todos somos iguales en Ñuñoa

Además, está esto que veo en gente más chica y más vieja que yo, en la literatura contemporánea chilena: hay una estética ñuñoína que es muy parecida a la de Wes Anderson, donde todo es mínimo, todo es lindo, donde reina la nostalgia. Es un lugar cómodo, todo es más inocente. Y quería sacar la novela de ese espacio wesandersoniano local, así como también, quise trabajar una prosa que estuviera alejada de algo que se puede llamar economía de recursos literarios, o minimalismo pulcro. Eso se convirtió en una marca de estilo que ya está dando casi para un género, la novela ñuñoína weasndersoniana posbolañesca.

Todos quieren ser lindos, todos están siendo jóvenes y teniendo emociones, dale ya, puede ser, pero no sé, siento que esa estética es la misma que comparten los directores de arte de agencias publicitarias que le hacen la pega al retail y eso me parece atroz. Y en ese sentido, es sumamente combativo optar por La Dehesa en vez de Ñuñoa, en estos tiempos.

Si lo ves sólo en términos de clase, La Dehesa perdió, obvio que perdió. No está en el gobierno, no es credencial de nada.

-Pero La Dehesa sigue decidiendo, aunque cuando vas para allá y piensas que volviste a los noventa con esos centros comerciales, igual La Dehesa sigue decidiendo.

Si querís trazar relaciones de poder, a partir de domicilios de personas, a quien tenís en ese barrio:  directores de empresas, gerentes generales viejos que ya van a jubilar o tenis la generación que le sigue, pero no completa porque ya empezaron a emigrar; primero, porque ya no es símbolo de estatus, hay otros barrios, como Chicureo, Peñalolén y San Carlos de Apoquindo. El valor simbólico que tenía se ha ido diluyendo con el tiempo. Eso y que la ciudad crece. Pero hoy, gente de 40 años que viva ahí, no son los hueones más importantes, esos viven en otros lados, por eso perdió La Dehesa. Nuestros jefes no viven ahí y no les interesa. A los que sí les interesa, es esa porción de la clase media que pudo realizar su anhelo aspiracional.

La Dehesa es disfuncional. De hecho, no existe. No es una comuna, es un invento de inmobiliarias, y el que sea disfuncional le sirve a la novela, porque funciona como correlato de ese personaje. Ese lugar no es nada, es un combinado de ingredientes estéticos y culturales desarraigados.

Yo creo que la gente no quiere decir que es de ahí porque es un mundo culiao súper raro no más. Yo estudie en un colegio cuyo fundador era un cura mexicano heroinómano, pederasta, ladrón, con hijos repartidos por todo México, amigo de Juan Pablo II y fundí una de las congregaciones más grandes de Latinoamérica. Y ¿dónde tenían colegios esos hueones? Cerca de ese barrio. O las palmeras. Palmeras de Miami en La Dehesa, súper noventero. Es raro ver eso instalado ahí sin mayor justificación -descontando lo aspiracional- hoy es parte del paisaje y hay que convivir con eso, no podís tirar una bomba nuclear y refundar un Chile chileno.

-Es un lugar creado en oposición a todo lo demás.

Sí y quizás por eso mismo, en la novela La Dehesa sólo brilla como un telón de fondo. Establece un marco de referencia no más y esa es la mejor manera de tratar sobre eso.

Además, La Dehesa tiene la misma edad que los personajes. Y es tan disfuncional como ellos, de hecho, es un barrio que no supo crecer y mi generación, es una generación de niños viejos que no saben cómo ser adultos, esa es mi impresión.

-¿Por qué?

¿Qué te ofrece la adultez? Te ofrece estabilidad emocional, familiar, financiera, pero también acota tus posibilidades. Eso significa que se acabó la fiesta, se acabó el hueveo, significa créditos hipotecarios, matrículas, hijos. Y por lo pronto, acercarse a la muerte, envejecer.  Y la gente le tiene más miedo a envejecer que a la muerte, se te caen las tetas, se te cae el poto, las niñas a las que les coqueteas te pueden confundir con su viejo, tu vida sexual deja de ser tan estimulante y todo eso redunda en que te aburres y, aburrirse, no es más que tener horror ante uno mismo. Y por qué creo yo que mi generación esta lleno de niños viejos: porque nos horrorizamos ante nosotros y eso es triste, pero de nuevo, es.

Hubo una época en la que con Matías nos topamos en un trabajo. Lo recuerda y sigue respondiendo. “Piensa en la gente con la que has trabajado. En donde trabajamos nosotros, veíamos negocios para toda Latinoamérica y ahí tenías encerrados a un montón de veinteañeros que disfrutaban la pega, fundamentalmente, porque se cagaban de la risa. Porque podías estar borracho o drogado escribiendo y te pagaban por eso. A ninguno de nuestros padres a eso le parece un trabajo deseable, para nosotros sí, porque era un juego”.

Lo mismo pasa con los hipsters. Es una prolongación de la adolescencia. Los hipsters son viejos por definición. En un tiempo más va a morir esa categoría estética y va a quedar la categoría social de esta post adolescencia. A eso también contribuye que el mercado laboral se ha convertido en esta cosa mucho más plástica y flexible, en donde la estabilidad es otra cosa, no es una aspiración muy grande. La mitad de mis amigos trabajan boleteando.

-A todos nos importa un pico la AFP.

Exacto, nos importa un pico la AFP, la previsión. Hay que ver que va a pasar con eso. Qué va a pasar cuando hayan adolescentes de 50 años o 60. Eso quizás antes era lindo o enternecedor, pensando en viejos hippies, pero ni siquiera. Llega un punto en que la hueá se torna patética, onda, envejece, está bien envejecer.

-Quizás es una nueva forma de envejecer y tampoco es tan patética, y nos lo parece porque no tenemos antecedentes previos. O tal vez, preferimos pensar que no es patético porque es lo que vamos a vivir nosotros.

 Puede ser, uno tiende a ser complaciente consigo mismo.

*Vamos a sortear una copia de Autoayuda entre todos los comentarios bajo esta entrevista.

El concurso cerró y la ganadora es  Elisa, el décimo comentario hasta el momento del sorteo. Nos vamos a comunicar por interno para que puedas recibir tu libro.

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