Hoy, 17 de abril, se cumple un año desde el inicio del Mayo Feminista y hemos podido observar cómo el país se comenzó a articular en contra del acoso y abuso sexual que, tanto hoy como en décadas pasadas, son parte del diario vivir de las mujeres. Por fin aquellas prácticas sexistas son puestas en discusión, y pese a que en muchas ocasiones parecieran no ser escuchadas, las mujeres continúan desarrollando un trabajo territorial, sororo y colectivo para alzar la voz y no quedarse nunca más en el silencio. Es en este constante ejercicio por deconstruir y hacer del feminismo una práctica diaria en nuestras vidas, que en las distintas zonas a lo largo del país se discute constantemente sobre la urgencia de descentralizar la información. También sobre el carácter elitista de la academia y su poca o nula cercanía con la ciudadanía. En la misma línea, sobre la política tradicional que cada vez está más alejada de las bases de la sociedad y que omite visibilizar los abusos que el sistema capitalista y patriarcal sustenta.

Bajo esta lógica -y con prácticas que dejan de lado la génesis del movimiento feminista- desde el sur sentimos que no se ha dado importancia a la movilización de mujeres que nació el 17 de abril de 2018 con la toma de las estudiantes de la carrera de Antropología, de la Universidad Austral de Chile, en Valdivia. Antes del Mayo Feminista de la zona central del país, comenzó una toma desde la mitad de abril en el sur de Chile, y que no solo incluyó asambleas universitarias, sino que la movilización también se extendió a las organizaciones secundarias, colectivas artísticas, y organizaciones territoriales. Desde ese entonces comenzó una presión mediática que desató las movilizaciones, pero aún así cuando se habla de ese hito en la historia del feminismo, se erige como punto de partida el caso de acoso al interior de la Universidad de Chile, centrándose nuevamente la discusión en un sector del territorio y no del conjunto que hoy existe y resiste en las aulas del resto de las regiones.

En el sur, durante el desarrollo de la movilización feminista, conocimos las prácticas que caracterizan a la prensa chilena que, exceptuando algunos medios de comunicación alternativos y disidentes, tienen como característica transversal realizar nulos esfuerzos por comprender la articulación de las asambleas y círculos de mujeres, lo que decantó en la mala interpretación sobre la orgánica del movimiento, las acciones e intervenciones. Buscaban incesantemente “líderes” al interior de las tomas feministas. Por otro lado, la cara más fea y que por sobre todo repudiamos: los medios que continúan otorgando el espacio para hacer un lavado de imagen a hombres, no solo acusados de acoso sexual, sino que también declarados culpables por abusos en contra de mujeres.

Por lo mismo y dada toda la experiencia del 2018, es fundamental crear medios de comunicación con orientación feminista para evitar los constantes cuestionamientos hacia la orgánica del movimiento por parte de la opinión pública. La prensa de actualidad, que se basa en hacer un periodismo rápido y frívolo, más de una vez emitió información errónea sobre las asambleas. ¿Tan difícil es comprender que las vocerías de una movilización colectiva pueden ser horizontales y voluntarias? ¿Qué puede ser más patriarcal que buscar a la persona “a cargo”? Insistir en jerarquizar un movimiento social continúa reproduciendo la lógica de la competencia y el enfrentamiento entre mujeres.

Si bien no nos extraña que la información errónea fuera reproducida en medios de comunicación tradicionales, nos produce desconcierto que fuera también difundida por nuestras compañeras de la zona central. Creemos que para construir memoria feminista es necesario observar el trabajo en cada rincón del país. Es igual de importante emplazar a las instituciones a observar la historia del movimiento feminista fuera de los esfuerzos de la academia en teorizar las demandas de un grupo de mujeres, porque aquí también se ve la división de clases dentro del feminismo que enseñan. Y si bien aplaudimos que para las instituciones universitarias comience a ser una preocupación ofrecer espacios de formación colectiva sobre teorías de género y el movimiento feminista, nos causa tristeza que se desconozca el trabajo y la organización de los primeros movimientos de mujeres obreras, quienes agrupadas en sindicatos, comité de allegados, levantando ollas comunes y autoeducándose, lograron articular medios de comunicación por medios de diarios que ellas mismas escribían donde reflexionaban sobre la división sexual del trabajo, pero además exigían poder decidir sobre sus cuerpos, en una educación sexual que para principio de siglo XX podría ser vanguardia, pero la verdad es solo el reflejo de una realidad que sigue subyugando a las mujeres hasta nuestros días. Por lo mismo, es importante que reconozcamos que no somos las grandes pensadoras del último siglo. Las demandas por las cuales hoy continuamos luchando es el fruto del trabajo de mujeres expuestas al maltrato y la precarización de la vida cotidiana. Mirar el pasado para construir nuestro futuro es la manera de levantar la memoria feminista chilena.

Gabriela Pérez Lagos
Consuelo Sarmiento
Alejandra Torres
Midora Sovino
Constanza Rutherford
@observatoriogeneroymediossur

*Foto: Plaza de la República, Valdivia. Archivo de Feministas Valdivia. 

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Y lloramos si queremos.